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Ungidos con un propósito: LAS ALMAS

“Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.” Isaías 10:27

La iglesia descubrió algo que siempre estuvo vigente, y es lo que hoy llaman “la unción”.
La unción es lo que Dios preparó para que su Iglesia esté equipada poderosamente para impactar a un mundo escéptico e incrédulo. El hombre sabe que la sociedad no tiene respuestas a sus necesidades. Sabe que la humanidad no tiene respuestas para sus problemas, entonces busca ayuda sobrenatural.

¿Cómo recibimos la unción?

Lo más importante es la disposición del corazón. No es como muchos piensan: “Voy allí, voy allá a buscar la unción.” El corazón debe estar dispuesto y tiene que existir una búsqueda. Dios es galardonador de los que le buscan.
Hay muchos que no quieren pagar el precio. Hay un precio que pagar, debemos humillarnos y buscar al Señor. Cuando me preguntaron dónde estaba el secreto, les dije: SIMPLEMENTE, NO HAY NINGÚN SECRETO, DIOS NO HA CAMBIADO.
En Juan 7:37 dice: “En el último y gran día de la fiesta Jesús se puso de pie y alzó la voz diciendo: si alguno tiene sed venga a mí y beba y el que cree en mí de su interior correrán ríos de agua viva.”
Jesucristo es la fuente de poder, es la fuente de amor, es la fuente de la esperanza. No es un pastor famoso, no es un predicador de poder, es Jesucristo. Nada ha cambiado.
La Escritura nos dice cuál es el precio para que la unción esté y permanezca. Hay leyes espirituales y las cosas de Dios son sencillas, no son complicadas.
En Levítico 6:12 dice: “Y el fuego arderá continuamente en el altar, no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. El fuego arderá continuamente en el altar, no se apagará.”

¿Cuál es el altar hoy?

En aquel tiempo el sacerdote tenía la responsabilidad de mantener el fuego encendido. Dice la Palabra: “el fuego arderá continuamente”. Si el sacerdote tenía esa responsabilidad, cuánto más nosotros que somos reyes y sacerdotes.
Pero nosotros corremos mucho, trabajamos en la obra, pero nos olvidamos del Señor de la obra. No debemos dejar el altar, hay que añadir leña cada mañana para que la unción sea real y fluya en nosotros y produzca fruto. Cristo murió con un propósito: las almas.
Por eso el fuego de Dios debe estar en nuestros corazones. El Señor me dijo que el avivamiento comienza en el corazón de los siervos y termina en el corazón de los siervos. Cuando hay pasión por las almas, hay avivamiento. Cuando la pasión por las almas se termina, se termina el avivamiento.
El avivamiento se termina cuando el fuego del altar se apaga.
No podemos predicar el evangelio sin resultados. El propósito de la unción es hacer bienes y sanar a los oprimidos por el diablo y testificar de Dios. A veces nos ocupamos más de los edificios, de cosas vanas y descuidamos lo más importante: Jesús murió. Cristo no murió por los edificios, sino por las almas perdidas y Dios está dispuesto a ganar el mundo para Él.
Créanlo, nada nos llevaremos de aquí. No perdamos el corto tiempo que tenemos. Conozco y escucho el dolor de la gente, no podemos detenernos.
El maestro preparó a los discípulos para ganar las almas. El pastor discípula a la iglesia para ganar las almas. El evangelista predica para ganar las almas. El profeta viene a traer Palabra de Dios para que la Iglesia se ordene con un propósito: almas. El apóstol siembra y planta iglesias para las almas. Cristo murió en la cruz por las almas. Si usted no usa la unción que Dios le dio, se le irá.

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